Ecumenismo Hoy

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos a celebrar actuando siempre «con toda justicia»

Reflexión de Pedro Langa para el día 17.01.2019

El Octavario no pretende sino promover oraciones «para crecer en la unidad». Este de 2019 lo hace mediante el imperativo bíblico «Actúa siempre con toda justicia» (Dt 16,18-20) en un mundo donde la corrupción, la codicia y la injusticia provocan desigualdad y división. Orar juntos en una sociedad desigual y dividida fue siempre algo misterioso, habida cuenta sobre todo de que como cristianos y comunidades somos a menudo cómplices de la injusticia, por más que se nos llame a dar un testimonio común a favor de la justicia y a ser instrumentos de la gracia sanadora de Cristo. Además, la oración nunca se propuso dividir. Más bien lo contrario: igualar, nivelar y unir.

El lema que preside en este 2019 la Semana de la Unidad ha sido preparado por cristianos de Indonesia, cuya población asciende a 265 millones, con el 86 % de religión musulmana. Indonesia es el país con mayor población musulmana del mundo. Un 10 % de los habitantes, sin embargo, son cristianos de distintas tradiciones. Por demografía y geografía, es también el país más grande del Sudeste Asiático. Tiene más de 17 000 islas, 1340 grupos étnicos diferentes y más de 740 lenguas locales. Pese a ello, está unido en su pluralidad por una lengua nacional, el indonesio («Bahasa Indonesia»). La nación se funda en cinco principios, llamados «Pancasila», con el lema «Bhineka Tunggal Ika» (unidad en la diversidad). A través de los diversos grupos étnicos, lenguas y religiones, los indonesios han vivido de acuerdo con el principio de «gotong royong», que es hacerlo en solidaridad y colaboración. Lo cual supone compartir en todos los órdenes de la vida y considerar a los indonesios todos como hermanos y hermanas.

Esta frágil armonía se ve hoy nuevamente amenazada. Gran parte del crecimiento económico de los últimos decenios se basa en un sistema que tiene de paradigma la competitividad, lo cual es directamente contrario al principio de colaboración del citado «gotong royong». La corrupción se deja sentir de muchas formas en la política y los negocios, a menudo con devastadoras consecuencias para el medio ambiente. Con demasiada frecuencia, por lo demás, ocurre que quienes deberían promover la justicia y proteger al débil, hacen desdichadamente lo contrario. A resultas de ello, la brecha entre ricos y pobres crece imparable, con lo que en un país rico de recursos se abre camino el escándalo de muchas personas sumidas en la pobreza. Como sentencia un dicho tradicional indonesio: «un ratón se muere de hambre en un granero lleno de arroz». El radicalismo con el que una comunidad se enfrenta contra otra no ha hecho sino crecer, mayormente a consecuencia del indebido uso de los medios que demonizan a determinadas comunidades.

Solo mediante nuestra unidad en Cristo seremos capaces de luchar contra la injusticia. Movidos por ello, los cristianos indonesios cayeron pronto en la cuenta de que las palabras del Deuteronomio «Actúa siempre con toda justicia…» (cf. Dt 16, 18-20) hablaban poderosamente a su situación y necesidades. De modo similar a como el pueblo de Dios, antes de entrar en la tierra prometida, renovó su adhesión a la alianza que Dios había hecho con él, así los cristianos indonesios pretenden hoy recuperar aquel espíritu. En cuanto pueblo de la alianza establecida por Jesús, sabemos que las alegrías del banquete celestial serán dadas a quienes tienen hambre y sed y son perseguidos por la justicia, «porque suyo es el reino de los cielos» (Mt 5, 6.10).

La Iglesia de Cristo preludia este reino. Sus desuniones, sin embargo, dificultan una y otra vez la tarea. Sobre todo la injusticia, causa de que las divisiones hayan desgarrado la sociedad de ese país. Porque la injusticia es -no nos equivoquemos- la causa principal de que las divisiones proliferen en la Iglesia. Bueno será, pues, arrepentirse de lo que las provoca. Y mejor aún que, como cristianos, nuestra fe en el poder de Cristo para perdonar y redimir no tenga límites. Así unidos a la cruz de Cristo, conseguiremos, de paso, que, por su gracia, el Señor ponga fin a toda clase de injusticias, y su misericordia lave nuestras culpas. Para reflexionar sobre la unidad y la justicia, se ha escogido cuidadosamente el tema de cada día al objeto de que con él analicemos conflictos que no dejan de ser consecuencia de la injusticia.

Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA