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El congreso ecuménico en el Vaticano permite «contar la historia sin rencor»

El Papa invita a «asumir lo positivo de la Reforma y distanciarse de los errores, fallos y pecados que llevaron a la división»

El clima sereno y ecuménico en que se está conmemorando el 500 aniversario de la Reforma de Lutero ha vuelto a notarse en el congreso de historiadores que ha estudiado durante tres días en el Vaticano los factores religiosos, sociales y sobre todo políticos que llevaron a las mayores guerras de religión en la historia de Europa.

El congreso «Lutero 500 años después», organizado por el Comité Pontificio de Ciencias Históricas y en el que han participado sobre todo representantes de instituciones y universidades europeas, ha concluido este miércoles.

En una audiencia a los historiadores luteranos y católicos, el Papa Francisco ha manifestado que «el estudio riguroso, libre de prejuicios y polémicas ideológicas, permite a la Iglesia discernir y asumir lo positivo de la Reforma y distanciarse de los errores, exageraciones y fallos, reconociendo los pecados que llevaron a la división».

El congreso se ha inspirado en el documento ecuménico «Del conflicto a la comunión», de 2013, promovido por Benedicto XVI para crear el marco en que luteranos y católicos pudiesen «conmemorar» conjuntamente aquellos hechos históricos. En un llamativo cambio de actitud, los luteranos dejan de «festejar» la Reforma y de marcar la efemérides prodigando invectivas contra Roma, como era habitual en los centenarios anteriores.

No se «festeja» nada, pero en cambio se «celebra» la reconciliación iniciada por el Concilio Vaticano II, que ha permitido lograr un clima de entendimiento y fraternidad en el respeto a la opinión de cada uno. En el año 2000, san Juan Pablo II añadió el «ecumenismo de los mártires», mediante una oración conjunta en el Coliseo. A su vez, el uno de noviembre de 2016, el Papa Francisco inauguró en Malmö, Suecia, el «ecumenismo de la caridad», consistente en hacer el bien juntos, sobre todo en la ayuda urgente a los refugiados de zonas de guerra.

El Santo Padre ha comentado a los historiadores que todos estos pasos y el trabajo científico que ellos realizan «permiten contar la historia sin rastros de ese rencor por las heridas sufridas que deforma la visión que tenemos unos de otros».

Según Francisco, «hoy, como cristianos, estamos llamados a liberarnos de prejuicios respecto a la fe de los demás, a intercambiarnos recíprocamente el perdón por las culpas de nuestros padres y a pedir juntos a Dios el don de la reconciliación y la unidad».

En tono intimista, el Papa ha confesado su «sentimiento de gratitud a Dios y de asombro, al pensar que un congreso de este tipo hubiera sido impensable hace no mucho tiempo». Si bien las visitas al Vaticano de líderes de Iglesias reformadas son muy frecuentes, la presencia de académicos ha sido una novedad.

El primer paso hacia la reconciliación al cabo de cuatro siglos y medio de batallas lo dio el Papa Juan XXIII al reunirse con el primado anglicano. A su vez, Pablo VI se reuniría después con el patriarca Atenágoras, mientras que san Juan Pablo II y sobre todo Benedicto XVI dejaron atrás el clima de hostilidad con los luteranos.

El papa alemán fue el primero en predicar a los máximos responsables de la Iglesia luterana precisamente en el antiguo convento de los agustinos de Erfurt, la ciudad de Lutero, donde fue recibido con gran afecto en su viaje del 2011.

Aquel encuentro terminó de confirmar el buen entendimiento logrado mediante la historia «Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación» de 1999, que dejaba atrás el principal obstáculo doctrinal y que desde entonces forma parte del magisterio de ambas Iglesias.