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Bartolomé asiste a Congreso de Teología en Nápoles

El Papa Francisco regresa a Nápoles, por segunda vez, después de su visita del 21 de marzo de 2015, con motivo del Congreso sobre “La Teología después de Veritatis Gaudim en el contexto del Mediterráneo”. Se trata de una breve visita marcada por los temas del diálogo entre las religiones y las culturas, la migración y el trabajo.

El Patriarca Bartolomé también se hizo presente en el Congreso en Nápoles en el cual participó el Papa Francisco este viernes 21 de junio con un mensaje en el que manifestó su profunda unión con el Sucesor del Apóstol Pedro en lo que respecta su compromiso por la salvaguardia del ser humano y de todo lo que lo rodea.


Cristianismo ha jugado un rol fundamental en la comunión y convivencia

Mediterráneo y acogida, los dos temas en los que se centra la conferencia, basan su postulado en el concepto de diálogo en sus diversos aspectos, pero también en las dinámicas e introversiones que contiene. De ahí que Su Santidad Bartolomé recordase que el Mare Nostrum, como es llamado, “fue cuna de la historia, la civilización, las lenguas, las culturas y las religiones capaces de interconexiones e intercambios, que han guiado los procesos sociales de toda el área durante siglos, contribuyendo al crecimiento de los pueblos que a él se asoman”. Y el cristianismo, dijo, en su sentido oriental y occidental, ha jugado “un papel fundamental”. “No de menos el judaísmo y el Islam han contribuido en las fases alternadas de la historia a encontrar caminos de comunión y convivencia”, añadió.

«Hoy en día este mar de encuentro tiene una valencia muy diferente, a veces tomada como ejemplo en muchas áreas del mundo, no como un lugar de encuentro, sino como una frontera a la cual no atravesar entre el norte y el sur del mundo, cuestionando al mismo tiempo el mismo concepto de acogida del extranjero, del cual el Cristianismo es la más alta expresión, según la enseñanza de nuestro Maestro y Salvador».


La acogida no puede limitarse a la asistencia

El Patriarca afirmó que la acogida “no puede limitarse a una obra de asistencia, sino que debe apuntar al tema de la verdad y la justicia, para comprender las causas, curar sus efectos y dar un fuerte testimonio del peligro de la antigua y nueva esclavitud del ser humano, a menudo oculta en forma de un encendido buenismo”, y advirtiendo que sus consecuencias “están saliendo a la luz con fuerza en muchos pueblos, incluidos los cristianos”.

Se hace necesaria pues, “una economía que dé dignidad al ser humano en su totalidad”, que puede “impedir o limitar las trashumancias” :

«Lo contrario es el gran peligro que atraviesa hoy el concepto de acogida, que ya no es percibido por los pueblos cristianos como una dictamen evangélico y un ejemplo de fraternidad humana, sino como una “invasión” de pueblos sobre otros pueblos. La historia nos enseña que este concepto de invasión no desaparece más del sentimiento común de los pueblos a lo largo de los siglos, ya que siempre tiene un significado fuertemente negativo».


Integración y no sincretismo

Su Santidad el Patriarca de Constantinopla subrayó el “ deber evangélico y humano de acoger a los que se encuentran en dificultad”, pero también aquel de los que son acogidos, quienes deben “respetar las tradiciones, costumbres y creencias de quienes los acogen”.

«Es necesario examinar cuidadosamente la forma en que acogemos, por qué acogemos, pero sobre todo cómo acogemos, con respeto por las poblaciones locales. La recepción debe convertirse principalmente en integración, pero nunca en sincretismo. Si hay una necesidad de justicia mundial para muchas personas en movimiento, también hay justicia para las personas que abren sus fronteras».