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El cardenal Newman, un santo para nuestro tiempo

El cardenal John Henry Newman será canonizado dentro de muy poco. Con este gesto la Iglesia reconoce la heroicidad de sus virtudes al tiempo que nos lo presentan como modelo a seguir, pero … ¿Cómo puede un cardenal que murió hace dos siglos ayudarnos en nuestra vida ordinaria?

Cuando una persona santa entra en nuestra vida deja de ser una figura histórica para pasar a ser alguien importante en nuestra historia personal. Melisa Villalobos de Chicago, Estados Unidos, había escuchado hablar del cardenal en un programa de la popular cadena católica EWTN y comenzó un trato personal con el cuándo su marido le trajo a casa unas estampitas.

Recibió la curación milagrosa de un sangrado en su quinto mes de embarazo al pedir la intercesión del entonces beato inglés, curación inexplicable que le ha valido al beato luz verde para su canonización y los pases para que Melissa asista en primera fila a la ceremonia de Roma junto con toda su familia.

Fue en la mañana del 15 de mayo de 2013 donde la ayuda del nuevo amigo de la familia se hizo patente: la joven mamá de cuatro pequeños, embarazada del quinto, le lanzó una petición desesperada “porfavor, Cardenal Newman, detén la hemorragia” desplomada en el baño en un charco de sangre. Los médicos le habían prescrito reposo absoluto ante un sangrado que amenazaba la vida de su bebé, una exigencia completamente imposible con tantos pequeños. Justo después de la petición desesperada, la hemorragia cesó y Melissa continuó con sus labores de madre de familia numerosa como si nada hubiese pasado dando a luz a un precioso bebé.

Desde luego los santos están muy activos y no quieren quedarse recogiendo polvo aburridos en sus peanas.

La figura y personalidad del Santo inglés no pasó desapercibido ni en su época ni en la nuestra Personalidades relevantes de Inglaterra también asistirán a la ceremonia de canonización, entre ellas El príncipe Carlos de Inglaterra [i] y una delegación de representantes de la Iglesia Anglicana.

John Henry Newman, hijo de un famoso banquero inglés había alcanzado gran prestigio en los círculos intelectuales de su tiempo. Era sacerdote de la Iglesia Anglicana de Inglaterra y capellán de la Iglesia de Santa María vinculada a la Universidad de Oxford. Una carrera brillante, un futuro prometedor ¿Por qué hacerse católico?

Sus ansias de verdad y su afán por restaurar en la Iglesia Anglicana ciertas tradiciones que se habían perdido, le llevaron a crear un movimiento, junto con otros clérigos anglicanos que pretendía regenerar la fe. Una postura revolucionaria que le llevó a reintroducir principios católicos como la devoción y la tradición. Ante su sorpresa, tuvo que rendirse ante la autoridad de sus propios argumentos admitiendo que en el origen de la Iglesia Anglicana estaba la católica. Comprendió que su Iglesia era cismática y que “su salvación dependía de que se uniera a la Iglesia de Roma”. Siguiendo su conciencia fue recibido oficialmente en la Iglesia Católica el 9 de octubre de 1845. Fecha en la que la Iglesia celebra su santidad (onomástica).

En su memoria autobiográfica explica que desde su conversión su paz y su alegría habían sido perfectas, “como si hubiera llegado a puerto después de una travesía agitada”.

No deja de ser un acto heroico ya que había dejado un puesto de gran autoridad para unirse a una minoría, en Inglaterra, que además se miraba con malos ojos. Perdió muchas amistades, a pesar de que algunos de sus mejores amigos le pidieran perdón 17 años después, por ejemplo, John Keble quien participó con él en el Movimiento de Oxford y que le escribió una carta muy emotiva: “Que gran carga tuviste que llevar a causa de tu conciencia” le dijo a lo que Newman le contestó “en ningún momento dudé de tu afecto y amistad”.

La comunidad católica que le acogió tampoco supo muy bien qué hacer con él, por un lado estaban sorprendidos de tener a alguien tan prestigioso entre sus filas, otros no acababan de creerlo mostrando un cierto grado de sospecha. Las autoridades católicas le invitaron a liderar varios proyectos pero luego fallaban a la hora de proporcionarle las herramientas, como cuando se le pidió fundar la universidad católica de Dublin, Irlanda; o supervisar una traducción de la Biblia o dirigir un periódico católico. Llegó un punto tan difícil que escribió: “como protestante veía mi religión como deprimente, pero no mi vida; ahora como católico mi vida es deprimente, pero no mi religión. Desde que me hice católico me da la sensación de que sólo he tenido fracasos”.

Al viajar a Roma en 1846 para estudiar y ser sacerdote, se inspiró en el oratorio de San Felipe Neri que intentaba mejorar la catequesis de esta ciudad y decide fundar oratorios en Inglaterra. Quería cuidar el aspecto cultural y doctrinal a la par que se desarrollaba una gran actividad pastoral.

El London Oratory es una de sus fundaciones que se encuentra en el corazón de la capital de Inglaterra, un remanso de paz cerca de Harrods y los grandes museos, que siempre ha sido un foco de catolicidad.

John Henry Newman tuvo claro que Dios le llamaba para algo concreto: “Tengo mi misión, soy un eslabón en una cadena, un vínculo de unión entre personas. No me ha creado para la nada. Haré el bien, haré su trabajo; seré un ángel de paz, un predicador de la verdad en el lugar que me es propio”.

Al final de su vida, en 1879 el Papa lo nombró de manera inesperada cardenal, así que sus últimos años fueron más tranquilos. Murió en paz el 11 de agosto de 1890. En su epitafio se lee “Ex umbris et imaginibus in veritatem”.