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Francisco en Georgia: Hay una guerra mundial para destruir el matrimonio

En su segundo día en Georgia, el Papa Francisco celebró una misa en el estadio Mikheil Meskhi de Tbilisi.

Antes de la ceremonia, atravesó esta simbólica Puerta Santa que aún no tiene templo.

Fue un gesto en solidaridad con la pequeña comunidad católica de Rustavi, donde el alcalde no permite que se construya un iglesia católica.

Uno de los temas clave de este viaje fue el ecumenismo, que sufrió un revés importante cuando una delegación ortodoxa, que tenía previsto asistir a la misa del Papa, decidió no hacerlo. Explicaron que "mientras haya diferencias dogmáticas entre las dos Iglesias, los ortodoxos no participarán en las celebraciones católicas”.

A pesar del plantón, Francisco se mantuvo firme en su defensa del ecumenismo.

En un encuentro con sacerdotes y religiosos, dijo que hacer proselitismo con ortodoxos es un pecado.

 

Francisco

"Hay un gran pecado contra el ecumenismo. ¡Nunca se debe hacer proselitismo con los ortodoxos! Son nuestros hermanos y hermanas.

Amistad, caminar juntos, rezar los unos por los otros, hacer obras de caridad juntos cuando es posible. Esto es el ecumenismo. Nunca condenar a un hermano o a una hermana, nunca retirarle el saludo porque sea ortodoxa”.

Durante el encuentro, el Papa habló de muchas cuestiones. Por ejemplo, de la ideología de género, y de cómo amenaza el matrimonio.

 

Francisco

"Hay una guerra mundial para destruir el matrimonio. Hoy hay una colonización ideológica que destruye, pero no destruye con armas sino con ideas. Debemos defendernos de esta colonización ideológica”.

Por la tarde, el Papa visitó un centro de caridad de la Orden de los Camilianos en las afueras de Tbilisi, donde ayudan a enfermos y refugiados que huyen de los conflictos de Osetia del Sur y Abjasia.

Francisco culminó su intensa jornada con una visita a la Catedral Patriarcal de Svietyskhoveli en Mtskheta, el corazón espiritual de la Iglesia ortodoxa georgiana.

Allí, presenció esta estremecedora interpretación del Padre Nuestro en arameo, la lengua de Jesús.