Entrevistas ecuménicas

«Cristianos juntos en Camino»

Entrevista a D. Julián García Hernando con ocasión
de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2001

(Entrevista realizada por Benjamín R. Manzanares y publicada en el semanario católico Alfa y Omega, n. 243 [18-1-2001] 26.
Reproducida en la Revista “Pastoral Ecuménica”, n. 52, enero-abril 2001, 99-101).


 

JulianGarciaHernando¿Por qué esta Semana de Oración por la Unión de los Cristianos?

La oración por la unidad siempre se ha dado en la Iglesia. El lema de este año para la celebración de la Semana es Yo soy el camino, la verdad y la vida [Jn. 14, 6]. Si cada uno pide por la unión de los otros a su propia Confesión, estaríamos fuera de la metodología del ecumenismo -tan fuertemente impulsado por los últimos Papas-, ya que éste no es conversionismo, sino unionismo. La intencionalidad de la oración ecuménica y programada conjuntamente por la Iglesia católica y el Consejo Ecuménico de las Iglesias, tiene como punto de mira el propuesto por el padre Couturier: Señor, únenos por los caminos que Tú quieras y como Tú quieras.

 

Esta Semana de oración por la Unidad se viene realizando desde 1968, ¿ en qué aspectos se ha ido avanzando y cómo son las relaciones entre las distintas Confesiones actualmente?

Me gusta comparar el ecumenismo con las olas del mar, en las cuales constantemente hay avances y retrocesos, pleamar y bajamar, debido a diversas causas, eclesiales unas y ambientales otras. Pero el ecumenismo, que es un movimiento indivisible, en cuanto es el mismo para todos los cristianos, es irreversible, como tantas veces ha repetido Juan Pablo II. No puede detenerse, aunque haya momentos de aminoración de velocidad en su marcha hacia la meta. Todos los pastores deben convencerse de que es, como añade el Papa insistentemente, prioridad pastoral, para que no lo arrumben en el cajón de los trastos inútiles o lo encierren en el calabozo de las cosas espinosas y mortificantes, aunque realmente lo es. El ecumenismo tiene futuro. No puede perder actualidad mientras no haya desaparecido la causa que lo motiva: la desunión. Continúa siendo un reto para los cristianos de hoy, y continuará siéndolo mientras ellos se empecinen en permanecer desunido.

 

¿Qué pasos a dar nos indica la reciente Carta del Papa Novo millennio ineunte respecto a la unidad de los cristianos?

Tiene como dos caras: una llena de fruición gozosa mirando a los gestos ecuménicos realizados por el mismo Santo Padre, a lo largo del año que acaba de terminar; y otra, exigente, sobre la renovación de la Iglesia y las actitudes pastorales que en ella deben adaptarse de cara al compromiso de la evangelización del mundo. Desde el punto de vista ecuménico, tiene una frase verdaderamente antológica, en la que descubrir una vez más su corazón poblado de ansias de unidad. Además, parece plenamente adaptado a este momento que estamos viviendo, inmediatamente antes del comienzo de la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Dice: La oración de Cristo nos recuerda que este don ha de ser acogido y desarrollado de manera cada vez más profunda. La invocación «que todos sean uno» es, a la vez, imperativo que nos obliga, fuerza que nos sostiene y saludable reproche por nuestra desidia y estrechez de corazón. La confianza de poder alcanzar, incluso en la Historia, la comunión plena y visible de todos los cristianos se apoya en la plegaria de Jesús, no en nuestras capacidades. He ahí, en una sola frase, todo un tratado sobre la dimensión espiritual del ecumenismo.

Dice el Papa en su última Carta apostólica: No es una ofensa a la identidad del otro lo que es un don para todos, que se propone con el mayor respeto a la libertad de cada uno. Eso no puede ser objeto de una especie de negociación dialogística, como si para nosotros fuese una simple opinión. En esta Carta apostólica, el Papa está hablando del diálogo interreligioso, no del diálogo ecuménico. Son dos campos diferentes, como lo dice a continuación al hablar de la Iglesia misionera. Una cosa es la misión y otra el ecumenismo; si bien el ecumenismo tiene como finalidad la unidad de los cristianos, tiene como meta final la evangelización.

Me gustaría definir el ecumenismo como una marcha hacia la Unidad por la oración, el diálogo y la colaboración para la evangelización. El ecumenismo tiene como meta la unidad de los cristianos, de cara a la evangelización del mundo. Para la consecución de ese objetivo es necesaria la oración, porque se necesitan unas fuerzas sobrehumanas para lograrlo. Es necesaria también la colaboración intereclesial, pero no se puede realizar sino mediante el diálogo teológico, ya que cada Iglesia tiene su modelo de unidad. Al entrar en diálogo, cada uno de los representantes de cada Iglesia está en la obligación de presentar el modo de pensar de su propia Confesión y no traicionarlo. El diálogo teológico interconfesional es una cosa muy seria, y en el que cada participante no se presenta a sí mismo, sino el modo de pensar de su Iglesia. Además, los textos producto de los diálogos teológicos, antes de ser oficialmente aprobados por las autoridades de las Iglesias respectivas, necesitan haber pasado por el tamiz de la recepción de los mismos por parte de las Iglesias en el diálogo representadas. La búsqueda de la unidad no puede pasar por alto la cuestión de la verdad. Cualquier intento de llegar a la unidad por otros caminos prescindiendo de la verdad revelada, está condenado al fracaso.

Cada una de las Iglesias que están comprometidas en el diálogo teológico, presenta un modelo de unidad. ¿Cómo llegar a un solo modelo de unidad? Ésta es la gran dificultad, pero paso necesario para alcanzar la meta, que es la unión de todas en una sola Iglesia.

 

Aunque no se ha podido realizar un significativo encuentro pancristiano, ¿ qué destacaría de los muchos e intensos momentos de diálogo ecuménico que hemos vivido durante este Año Jubilar?

– A lo largo del Año Jubilar ha habido numerosos actos impactantes para la conciencia de todos los cristianos, pilotados por el Papa y realizados en comunión con los hermanos de otras Confesiones. La apertura de la Puerta Santa en la basílica de san Pablo Extramuros, teniendo a su lado al Primado anglicano Carey y al arzobispo ortodoxo Athanasion, en representación del Patriarca de Constantinopla; la maravillosa Jornada del perdón en la Basílica vaticana; la celebración en el Coliseo romano de los Testigos de la fe; la peregrinación de Juan Pablo 11 a los Lugares Santos de las tres religiones monoteístas, etc., son clara manifestación del ambiente de amor fraterno entre creyentes dentro de la fe cristiana y allende la fronteras de la misma. Gestos espectaculares, que han quedado prendidos en las pupilas de la Historia como preanuncio de sabrosas realidades a vivir en un próximo futuro.