Reflexiones del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2019

Día 1: Trabajar por la justicia recorriendo los caminos de Dios

Martin Luther King lideró la lucha pacífica de muchos ciudadanos de piel negra que querían que se les tratara igual que a un blanco en un país donde todavía existía una gran segregación y el Ku-Kux-Klan campaba a sus anchas.

Reflexión del Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA para el 18.01.19

Viernes, 18 de enero.- «Que fluya el derecho como agua, y la justicia como río inagotable» (Am 5, 24). Magnífico exhorto profético, este de Amós, para iniciar con buen pie la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que durante el 2019 en curso pretende revestirse de justicia con el fin de recorrer sin desánimo y con ansiado acierto los caminos de Dios, siempre inescrutables y, a fin de cuentas, nunca necesariamente los nuestros. Porque «Actuar siempre con toda justicia» (Dt 16,18-2), lema general del Octavario 2019 que hoy empieza, implica, efectivamente, revestirse de aquella actitud profética de candidez con que Amós, Oseas y Jeremías, supieron ver y llegaron a describir los tiempos del desierto en cuanto época ideal de las relaciones de Yahveh y su pueblo. Las condiciones de la vida nómada y la legislación rudimentaria de la época sólo daban entonces pie a un culto de poca importancia. Se podía, pues, agradar a Yahveh con un culto pobre, pero sincero. En el evangelio de Lucas (Lc 11, 37-44), sin embargo, Jesús lo deja claro y resulta bastante más exigente: nos recuerda que el signo exterior del culto auténtico de Dios es actuar con justicia. Más aún: condena -con mucha dureza por cierto- a quienes descuidan esta sagrada obligación.

Amós el profeta, por ejemplo, insiste en el vínculo indisoluble entre el culto y la práctica de la justicia. Cuando los cristianos trabajan juntos para escuchar el grito de los pobres y oprimidos, a cuyas lastimeras quejas y abundantes lágrimas nunca les falta un eco clamando al cielo, crece su comunión con el Dios Uno y Trino. El Dios que se abaja para mirar al huérfano y a la viuda, que alza de la basura al pobre, que se apiada del indigente, que da de comer al hambriento y de beber al sediento; ese Dios Trinidad, en fin, que sabe ser Dios lo mismo del extranjero que del emigrante, que nos ha enseñado por medio de su piedad y misericordia hecha ternura el limpio camino de la justicia. Dios, por otra parte, a quien es preciso elevar la mirada del corazón suplicante para que nos ayude a seguir su camino, siempre inconfundible y recto, haciendo justicia y rindiéndole culto que a Él suba como ofrenda de la tarde. La súplica de este primer día del Octavario ha de elevarse a Dios como incienso en su presencia y armónica plegaria de cristianos unidos, cifrando tan laudables aspiraciones en poder rendir culto a Dios no solo con el corazón y la mente, sino también con las obras. Sintonizando el lenguaje indonesio cabría decir que la elevación al Dios Uno y Trino ha de hacerse armonizando entre sí los cinco principios de «Pancasila».

Pueden los cristianos estar algunas veces, incluso durante las horas de este Octavario 2019 que recibimos como don, muy comprometidos con sus plegarias y celebraciones, pero menos preocupados, en cambio, de los pobres y de los marginados, lo que de suyo no deja de ser triste. Cuando tal ocurra, si es que ocurre, tendremos el claro indicio, la señal manifiesta, de que los principios de «Pancasila carecen de armonía. A veces oramos en la iglesia, sí, pero al mismo tiempo le atizamos al indefenso una dura dosis de insolidaridad y oprimimos con recelo y distancia al prójimo y llegamos a la explotación del medio ambiente en una suerte de pirómanos sueltos de la ecología. Los cristianos de Indonesia reconocen que en su tierra hay personas que intentan practicar su fe con pasión, pero que, desdichadamente, también oprimen a los de otras creencias, utilizando incluso medios violentos. Eso se llama ecumenismo salvaje, anti-ecumenismo al por mayor, si se quiere, para cuyo torcido propósito no hacen falta alforjas ecuménicas de ningún género.

En la profecía de Amós, Dios rechaza el culto exterior y «no quiere oír la salmodia de sus arpas» (5,23) que le ofrecen los que no practican la justicia. Porque, ya entonces, las ceremonias religiosas implicaban canto y música. Y nada se diga hoy. El ecumenismo es un movimiento de gracia y de unidad que hace de sus obreros cantores del «Cántico Nuevo», cristianos comprometidos que, cuando se juntan para rezar unidos, y entonan canciones del «Cántico Nuevo», consiguen, por decirlo con san Agustín, «cantar a Dios con júbilo».

Este divino rechazo, pues, profetizado por Amós, viene a significar hartazgo. Es como si Dios les dijera a aquellos hipócritas religiosos de entonces que se marchen con la música a otra parte. Desea, más bien, que «fluya el juicio como agua y la justicia como arroyo perenne» (5,24), lo cual es también hoy consigna válida para nosotros. Y es que trabajar por la justicia recorriendo los caminos de Dios supone darse con el corazón entero a quien antes se dio a nosotros entregándonos a su Hijo adorable, hecho para nosotros precisamente Camino, Verdad y Vida. Que el Espíritu Santo nos ayude y nos guíe para trabajar por la justicia allá donde sea que estemos y hagamos falta, para que muchas personas puedan ser fortalecidas por nuestros actos. Y todo ello, siempre en nombre del Señor, el Jesús del «Ut unum sint» (Jn 17,21).

Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA