Reflexiones del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2019

Día 4: recibir todas las bendiciones con sencillez y gratitud

Laudato Si-La Carta Magna de la ecología integral: grito de la Tierra-grito de los pobres

Reflexión del Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA para el 21.01.19

Lunes, 21 de enero.- «Contentaos con lo que tenéis» (Hb 13,1-5:5). En significativa sensibilidad hacia los «hermanos» cristianos, el autor de la Carta a los Hebreos pone a estos sobre aviso de la hospitalidad, los presos y el cuidado del matrimonio, recordando que «a los fornicarios y adúlteros los juzgará Dios» (v.4b). Advierte asimismo contra el amor excesivo al dinero y a las cosas materiales. Frente a nuestra tendencia a pensar que nunca tenemos suficiente, el texto nos habla de la providencia de Dios y asegura que Dios nunca abandonará la creación. A través de la fecundidad de la tierra, los ríos y los mares, la bondad de Dios ha proveído suficiente comida y agua potable para sostener a todos los seres vivientes y, pese a ello, muchas personas, sin embargo, carecen de estas necesidades básicas. Por algo se habla con frecuencia del tercer mundo, donde viven –por no decir que malviven- seres humanos como tú y como yo, pero que, mira por dónde, no saben todavía lo que es manejar ni la cuchara ni el tenedor. Y en cuanto a la hospitalidad, bien sabido es que anda últimamente muy deteriorada. En algunos países, los del primer mundo, por levantar muros para que no lleguen más comensales a la mesa, o por dejar que los tiburones se den, a costa de los emigrantes presa de las mafias, el gran festín.

Al hilo de lo que precede, justo es reconocer que fue primero el patriarca de Constantinopla y titular del Santo Trono, Bartolomé, quien llamó la atención del mundo sobre el cuidado de la creación, llegando incluso a organizar encuentros religiosos y hasta viajes interconfesionales de recreo en barco por la Antártida, el Nilo, o el Mediterráneo, entre otros. Bien es cierto que no tardando se incorporó al proyecto el papa Francisco dando la mano a san Francisco de Asís con su Encíclica Laudato Sí, sobre el cuidado de la casa común (24.05.2015), donde se puede leer: «La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que “gime y sufre dolores de parto” (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura» (n.2).

La fragilidad humana y la codicia llevan con frecuencia a la corrupción, a la injusticia, a la pobreza y el hambre. Puede ser tentador que, en lugar de preocuparnos por los demás y con ellos compartir bienes, acumulemos dinero, comida y recursos naturales para nosotros, o nuestra propia nación o grupo étnico. Entre los cinco principios de Pancasila, figuran el 2, que aboga por una sociedad humana justa y civilizada; y el 5, por una justicia social para todos los pueblos de Indonesia. ¿Quién podría negarse a considerar que ambos principios de la espiritualidad indonesia son exportables a otros países del mundo?

Jesús, sin embargo, nos enseña que, a propósito del abandono en la Providencia, las cosas materiales no deben ser nuestra principal preocupación –ni el comer, ni el vestir, ni el afán por el mañana-, sino que se debe buscar primero el reino de Dios y su justicia y todo cuanto éste lleva consigo, confiando en que el Padre celestial nos proveerá de lo necesario (cf. Mt 6,25-34). Lo malo es cuando el Padre celestial no acaba de encontrar obreros dispuestos y disponibles de los que servirse para echar una mano, y las dos si fuere preciso, en la implantación aquí en la tierra del reino de Dios y su justicia. Ya sé que más de un teólogo acaso me ataje diciendo aquello de sacar de las piedras hijos de Abrahán. Pero también se me alcanza, y teólogos colegas no me faltan, que Dios actúa casi siempre por medio de las causas segundas, y ahí es donde todos los que habitamos este planeta suburbano entramos de medio a medio en la construcción del reino de Dios y su justicia.

En los últimos años algunas Iglesias de Indonesia han ido ofreciendo distintos tipos de ayuda financiera, humana y educativa a Iglesias pequeñas de zonas rurales. Con este ejemplo sencillo y práctico de amor mutuo están dando muestra de unidad con sus hermanos cristianos, que es el don de Dios a su Iglesia. Vivir con sencillez, sin preocuparnos por ganar más dinero del necesario o por acumular recursos para el futuro, puede ayudarnos a hacer de la tierra nuestra casa común, un lugar más justo, y un sitio donde la consigna sea, como mínimo, tener lo suficiente.

Cumple, en fin, agradecer a Dios, Padre lleno de bondad, sus abundantes dones, especialmente la gracia de poder recibir sus bendiciones con tierna sencillez y humilde gratitud. Se trata de que nos haga capaces de contentarnos y estar siempre dispuestos a compartir con los que pasan necesidad, para que todos puedan experimentar la unidad en el amor que viene del Dios Uno y Trino, fuente de misericordia.

Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA