Reflexiones del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2019

Día 2: Sabiduría para distinguir lo bueno y lo malo

Reflexión del Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA para el 19.01.19

Sábado, 19 de enero.- «Decid simplemente: “sí” o “no”» (Mt 5,37). Recomienda san Pablo a los Efesios que aprendan a despojarse del hombre viejo, renueven el espíritu de su mente y se revistan del Hombre Nuevo, «creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad» (4,24). Todos hemos de revestirnos del Hombre Nuevo, al objeto de ser en él re-creados. Insiste igualmente el Apóstol en otros lugares sobre la «nueva creación», presente en dosis estimabilísimas dentro del ecumenismo.

La citada fórmula de Jesús «Decid simplemente: “sí” o “no”», por lo menos aparentemente bien entendida, puede explicarse de diversas maneras:

  1. Veracidad: si es sí, decid sí; si es no, decid no.
  2. Sinceridad: que el sí (o el no) de la boca corresponda al sí (o al no) del corazón.
  3. Solemnidad: la repetición del sí o del no sería una forma solemne de afirmación o negación que debe bastar y dispensar de recurrir a un juramento comprometiendo a la divinidad.

No es preciso llegar a las manos para poder hablar de violencia. Contra otros seres humanos esta no se ejerce, en definitiva, sólo mediante agresiones físicas y el latrocinio, sino también por medio de habladurías, insidias, torcidos rumores y medias verdades, que no pocas veces terminan siendo las más burdas mentiras. Los medios de comunicación social contribuyen lo suyo a que las mentiras se difundan instantánea y más que fácilmente a una gran audiencia. Son también ellos, por otra parte, los encargados de convertir nuestro destartalado planeta en esa aldea global donde la noticia, el rumor, la insidia, la verdad tienen fácil acceso de llegada y, en ocasiones, también ansiada meta de tranquilo y reposado asiento.

Los cristianos indonesios reconocen, según los materiales del Octavario, que esto ha sido la causa de que a veces determinados grupos religiosos, también cristianos, hayan propalado mentiras y prejuicios de unos contra otros. El temor y la amenaza de represalias pueden hacer que las personas se tornen tímidas a la hora de tomar partido por la verdad, o incluso de verse empujadas a que, muy a menudo, pudiendo hablar y decir la verdad, prefieran mantenerse en un cobarde, cuando no cómplice, silencio ante calumnias y falsas afirmaciones que pretenden amedrentar.

Jesús fue clarísimo: «Decid simplemente “sí” o “no”; todo lo que se diga de más procede del maligno». La mentira destruye las buenas relaciones entre personas y grupos, también Iglesias. En el ecumenismo prolifera demasiado. «Engañar a otros a través de la mentira es imperdonable», llegó a decir Bartolomé I, patriarca de Constantinopla, durante la conversación con el patriarca ruso Kirill el 31 de agosto de 2018 en Estambul. Rotunda y denunciadora frase que dentro de algunos años hará enrojecer de vergüenza a más de un ortodoxo ruso. Ahora mismo dentro de la Iglesia católica –el asunto es conocido de sobra-, asistimos también -¡a veces!- a la caza de brujas en el traído y llevado asunto de la pederastia. Y por lo que a la Iglesia ortodoxa concierne, a todo género de dimes y diretes sobre el reciente cisma entre el Patriarcado de Moscú y el Patriarcado Ecuménico.

El engaño fragiliza la unidad eclesial, sin duda. Y un cisma, se sabe, es el mejor caldo de cultivo para frecuentes engaños e insidias incesantes en ese mundo hecho de amor y perdón, en el que hay gente más amiga de fulminar anatemas que de prodigar verdades. La Carta a los Efesios nos recuerda que somos miembros llamados todos a «conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz» (4,3). Lo cual implica una llamada a los cristianos a ser honestos y responsables hacia los demás, para que puedan crecer en comunión. Si esto hacemos llevados de un ánimo gozoso y constructivo, no será entonces el espíritu del maligno el que con nosotros esté, sino el Espíritu Santo de Dios. Quiere ello decir, por tanto, que esa convocatoria hecha a los cristianos en pro de la honestidad y responsabilidad hacia los demás ha de pasar primero, y necesariamente sin duda, por la justicia, la sabiduría y la humildad, esas tres referencias sin cuyo concurso el ecumenismo sería imposible.

Las oraciones del Octavario han de suplicar al Dios de justicia que nos otorgue sabiduría para distinguir, en aras de un humilde discernimiento, lo bueno de lo malo. Él hará igualmente que nuestros corazones, hechos para el amor, sean guiados por la rectitud, y nuestros labios, hechos a la alabanza, digan, cueste lo que cueste, la verdad. Preciso es, por tanto, tener el valor de ser honestos hasta cuando los otros nos atacan o nos persiguen. Todo menos difundir mentiras, ya que, en ese censurable supuesto, nos convertiríamos automáticamente en agentes del Padre de la Mentira y anti-ecuménicos de medio a medio. El Octavario, por eso, es una ocasión propicia para suplicar al Padre que, por medio de su Hijo Jesucristo y siempre en la unidad del Espíritu Santo, nos convierta, más bien, en instrumentos de unidad, paz y verdad difundiendo siempre y por doquier buenas noticias para todos los pueblos.

Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA