Reflexiones del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2019

Día 8: Ser para los demás una bendición

Clausura de la Semana de oración por la unidad de los cristianos 2017 en la basílica de
San Pablo Extramuros (Roma). Presidió el papa Francisco

 

Reflexión del Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA para el 25.01.19

Viernes, 25 de enero.- «El Señor es mi luz y mi salvación» (Sal 27,1). Luz y salvación, por tanto, son conceptos cristológico-salvíficos que derivan del «Hijo único de Dios, Luz de Luz y Dios verdadero de Dios verdadero» (Credo). Tocados por la luz de su rostro, también nosotros podremos ser luz para los demás. El salmo 27 empieza precisamente con esta breve y sencilla plegaria: «El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?». A nadie, desde luego, habida cuenta de que, en el Señor que me ilumina y me salva, confluyen mi pasado, mi presente y mi futuro.

Pasado, porque mi alma permanecía en oscuridad, y yo de espaldas al Amor. Dios, sin embargo, me había escogido antes de la fundación del mundo solamente por su gracia y misericordia, ya que en mí nada digno había. Cristo tomó luego en la cruz mi lugar, me iluminó y fui librado del poder de las tinieblas, y trasladado al Reino del Hijo de su amor (cf. Col 1,13).

También mi presente vive envuelto en esa luz, puesto que habito en un mundo oscuro y lóbrego, donde el pecado gobierna y mi propio pecado me acosa, aunque, si bien fijo mis ojos en Cristo, encuentro luz infinita para cualquier circunstancia que yo atraviese. Mediante sus palabras voy conociendo su hermosura y todo adquiere perspectiva correcta. A medida que lo veo y conozco, esa oscuridad se va iluminando hasta hacerme entender cómo vivir en la luz (cf. Sal 119,130).

Mi futuro asimismo despunta como prodigio de luz y amor, ya que Cristo dice que Él estará conmigo «todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20), os ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rm 8, 38s). El propio Jesús encendió en la luz una de las más bellas definiciones de sí mismo: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12).

Al Nuevo Testamento se asoman así dos «imperios» bajo la dominación respectiva de Cristo y de Satán. De modo que los hombres se dividen en «hijos de luz» e «hijos de tinieblas», según vivan bajo la influencia de la luz (Cristo) o de las tinieblas (Satán). Esta separación (juicio) entre los hombres se manifestó con la venida de la Luz, que obliga a cada cual a pronunciarse en pro o en contra. La perspectiva no deja de ser optimista después de todo, ya que un día, las tinieblas tendrán que desaparecer ante la luz.

Durante el Octavario por la Unidad de los Cristianos, las reflexiones de cada jornada han sometido a consideración situaciones difíciles que afronta hoy el mundo, incluyendo la codicia, la violencia, la exclusión, la explotación, la pobreza, la contaminación, el hambre y la trata de personas.

Las Iglesias de Indonesia son conscientes de que problemas tales constituyen otros tantos desafíos para todos los cristianos. Confiesan y reconocen que algunos de estos pecados también han oscurecido la vida de las Iglesias, fragilizando su unidad y debilitando su testimonio ante el mundo. Tampoco dejan de admitir a la vez los múltiples y prometedores ejemplos en los que las Iglesias han testimoniado juntas su unidad en Cristo. Los cristianos de otras partes del mundo pueden igualmente señalar otros muchos ejemplos tomados de sus propios contextos.

Los cristianos acuden año tras año, especialmente durante esta Semana de Oración por la Unidad, a la plegaria en común con la intención de profesar juntos la misma fe bautismal, escuchar la voz de Dios en las Escrituras y rezar por la unidad en el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Al hacer esto, reconocen que la Santísima Trinidad es la fuente de toda unidad y que Cristo es la luz del mundo que promete la luz de la vida a los que lo siguen. Con frecuencia las muchas injusticias sociales los entristecen o indignan, sí, pero no pierden la esperanza, sino que mutuamente se animan, porque el Señor es su luz y su salvación, la defensa de su vida y no tienen miedo.

Urge, pues, alabar a Dios por su amor bondadoso, por sostenernos en tiempos de prueba y mostrarnos su luz en los de oscuridad. Supliquémosle que transforme nuestra vida para que podamos ser una bendición para los demás. Ayúdenos a vivir la unidad en la diversidad como testimonio de su comunión trinitaria: Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre.

Hoy concluye el Octavario 2019, cuyas reflexiones nos han llamado a orar juntos, a cantar unidos y a compartir sentimientos de alta espiritualidad con quienes piensan de manera distinta y viven, quizás, en ambientes dispares. La más bella lección del evento que hoy termina -Octavario quiero decir-, tal vez sea tomar conciencia de que podemos y debemos ser una bendición para los demás, bendición soportándonos unos a otros; bendición pidiendo los unos por los otros; y bendición, en fin, orando alegres de unir nuestras vidas como gozoso anuncio de la unidad en la verdad.

Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA