Cartas Pastorales de los Obispos de España

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2018

“Fue tu diestra quien lo hizo...” (Ex 15, 6)

demetriofernandezLa uni­dad de los cris­tia­nos es un asun­to san­gran­te en la vida de la Igle­sia. Por un lado, es un reto y una es­pe­ran­za. Por otro, es una he­ri­da abier­ta que nos hu­mi­lla y nos re­cuer­da con­ti­nua­men­te nues­tra con­di­ción de pe­ca­do­res, ama­dos por Dios.

Mons. Demetrio Fernández La unidad de los cristianos es un asunto sangrante en la vida de la Iglesia. Por un lado, es un reto y una esperanza. Por otro, es una herida abierta que nos humilla y nos recuerda continuamente nuestra condición de pecadores, amados por Dios. Del 18 al 25 de enero, todos los años rezamos especialmente por la unidad de los cristianos. Rezamos todo el año, porque en toda Eucaristía oramos para que […]

Del 18 al 25 de enero, to­dos los años re­za­mos es­pe­cial­men­te por la uni­dad de los cris­tia­nos. Re­za­mos todo el año, por­que en toda Eu­ca­ris­tía ora­mos para que el Es­pí­ri­tu San­to, que es au­tor de la uni­dad de la Igle­sia, nos man­ten­ga uni­dos. Pero lle­ga­dos a es­tas fe­chas, in­ten­si­fi­ca­mos la con­cien­cia de este reto y esta he­ri­da e in­ten­si­fi­ca­mos la ora­ción por esta in­ten­ción, una de las pri­me­ras y prin­ci­pa­les en la Igle­sia.

Orar por una in­ten­ción no es re­cor­dar­le a Dios algo que se le pue­de ha­ber ol­vi­da­do. Dios es el que ins­pi­ra es­tas in­ten­cio­nes en su Igle­sia y en el co­ra­zón de los hom­bres. Al orar por una in­ten­ción en­tra­mos en la ór­bi­ta de la fe, en­tra­mos en el co­ra­zón de Dios y nos in­tere­sa­mos por los in­tere­ses de Dios. Dios quie­re que to­dos los hu­ma­nos for­me­mos una úni­ca fa­mi­lia, para eso ha en­via­do a su Hijo, para re­unir a los hi­jos de Dios dis­per­sos. Y Dios quie­re re­unir a to­dos sus hi­jos en la Igle­sia que su Hijo ha fun­da­do.

Je­su­cris­to ha fun­da­do esta Igle­sia so­bre el fun­da­men­to de los após­to­les y sus su­ce­so­res y ha en­via­do so­bre ella como un gran re­ga­lo al Es­pí­ri­tu San­to. Je­su­cris­to ha fun­da­do una sola Igle­sia so­bre la roca de Pe­dro. “Y so­bre esta pie­dra edi­fi­ca­ré mi Igle­sia…” (Mt 16,18). Y esta uni­dad se ha man­te­ni­do fun­da­men­tal­men­te por la co­mu­nión de pas­to­res y fie­les con el pri­ma­do de Pe­dro a lo lar­go de los si­glos. Pero para ver­güen­za de to­dos, esa uni­dad se ha frac­tu­ra­da en dis­tin­tos mo­men­tos cla­ve. El pe­ca­do de los hom­bres ha en­tra­do en la his­to­ria de la Igle­sia, y se han pro­du­ci­do frac­tu­ras y di­vi­sio­nes, que per­ma­ne­cen has­ta el día de hoy. Las más gran­des han sido la rup­tu­ra Orien­te-Oc­ci­den­te con el cis­ma del año 1050, ge­ne­ran­do la gran se­pa­ra­ción en­tre or­to­do­xo y ca­tó­li­cos; y la rup­tu­ra de Lu­te­ro en 1517, cuyo cen­te­na­rio he­mos re­cor­da­do re­cien­te­men­te, y que ha ge­ne­ra­do la gran se­pa­ra­ción en­tre pro­tes­tan­tes y ca­tó­li­co/​ro­ma­nos.

Sin em­bar­go, el Es­pí­ri­tu San­to, alma de la Igle­sia, está sus­ci­tan­do un fuer­te mo­vi­mien­to de acer­ca­mien­to y de uni­dad en­tre to­dos. El si­glo XX ha sido un si­glo de acer­ca­mien­tos has­ta desem­bo­car en el con­ci­lio Va­ti­cano II. Y a par­tir del con­ci­lio, los pa­sos da­dos han sido de gi­gan­te en el ca­mino ha­cia la uni­dad, tam­bién con al­gu­nos tras­piés.

Lle­ga­mos de nue­vo a es­tas fe­chas y que­re­mos su­mar­nos a ese ca­mino ha­cia la uni­dad que des­de to­das las con­fe­sio­nes cris­tia­nas va dán­do­se: en­cuen­tros del Papa con otros lí­de­res re­li­gio­sos no ca­tó­li­cos, o por­que él mis­mo los vi­si­ta en sus paí­ses o por­que vie­nen a Roma para en­con­trar­se con el Su­ce­sor de Pe­dro. Al mis­mo tiem­po, con­ti­núan los de­ba­tes teo­ló­gi­cos en­tre ex­per­tos que se reúnen para acer­car pos­tu­ras, pro­fun­di­zan­do en lo que cada co­mu­ni­dad ha al­can­za­do.

A no­so­tros nos co­rres­pon­de unir­nos en la ora­ción co­mún para pe­dir­le a Dios la uni­dad de to­dos los cris­tia­nos en la úni­ca Igle­sia fun­da­da por el Se­ñor. En Cór­do­ba he­mos te­ni­do hace dos me­ses un en­cuen­tro de lí­de­res cris­tia­nos: ca­tó­li­cos, or­to­do­xos de Cons­tan­ti­no­pla, de Ru­sia, de Ru­ma­nía, ar­me­nios, ma­ro­ni­tas. Ha sido con mo­ti­vo del Con­gre­so In­ter­na­cio­nal Mo­zá­ra­be. Ellos han te­ni­do sus res­pec­ti­vas po­nen­cias, re­sal­tan­do cómo vi­ven la fe en un con­tex­to pa­re­ci­do a los cris­tia­nos cor­do­be­ses mo­zá­ra­bes du­ran­te la do­mi­na­ción mu­sul­ma­na. Y nos ha ayu­da­do mu­cho re­ci­bir su tes­ti­mo­nio y com­par­tir jun­tos la ora­ción de la tar­de, te­nien­do como ho­ri­zon­te el tes­ti­mo­nio de los már­ti­res. Hoy, como ayer, si­gue ha­bien­do már­ti­res a los que no pre­gun­tan si son ca­tó­li­cos u or­to­do­xos, ar­me­nios o ru­ma­nos. Sim­ple­men­te son ase­si­na­dos por ser “cris­tia­nos”. El mar­ti­rio de to­dos esos her­ma­nos nos une a to­dos en una fe y un gran amor al Se­ñor. Es el ecu­me­nis­mo de los már­ti­res.

Ore­mos por la uni­dad de los cris­tia­nos. Ha de ser obra de Dios, se­cun­da­da por la ora­ción sin­ce­ra de quie­nes con­fe­sa­mos que “ha sido tu dies­tra quien lo hizo…”.

Re­ci­bid mi afec­to y mi ben­di­ción:

+ De­me­trio Fer­nán­dez,
Obis­po de Cór­do­ba